Faustino Oro brilla en el Tata Steel Challengers y consolida su salto hacia la élite del ajedrez

Última actualización: 5 de febrero de 2026
Autor: Isaac
  • Faustino Oro, de 12 años, firmó un notable sexto puesto en el Tata Steel Challengers con 7 puntos y una actuación de nivel gran maestro.
  • Protagonizó victorias clave ante grandes maestros como Daniil Yuffa y sostuvo tablas de altísima precisión frente a la leyenda Vasyl Ivanchuk.
  • Su Elo subió hasta 2526 y ya figura entre las mayores promesas juveniles del mundo, manteniendo opciones a corto plazo de lograr el título de GM.
  • El prodigio argentino encara ahora el reto de encontrar un torneo abierto antes de marzo para seguir persiguiendo el récord de gran maestro más joven.

Joven ajedrecista en torneo internacional

Con solo 12 años, el argentino Faustino Oro cerró una actuación sobresaliente en el Tata Steel Chess Challengers, en Wijk aan Zee (Países Bajos), y confirmó que ya compite de tú a tú con profesionales consagrados. El joven maestro internacional dejó atrás las dudas de su debut en 2025 y se marchó del tradicional festival neerlandés con un balance más que positivo, tanto en resultados como en juego.

Lo que hace un año fue una experiencia dura, con apenas 3,5 puntos sobre 13 rondas y penúltimo puesto, esta vez se transformó en una demostración de madurez competitiva. Oro terminó 6.º con 7 puntos, sumó 10 unidades de Elo hasta situarse en 2526 y dejó varias partidas de enorme calidad, incluidas victorias ante grandes maestros y tablas muy trabajadas ante leyendas del tablero.

Un torneo largo, una mala racha y una reacción de carácter

El Challengers del 88.º Festival de Ajedrez Tata Steel se disputó en el Polideportivo De Moriaan Center, en la localidad costera de Wijk aan Zee, frente al mar del Norte. El formato fue el clásico round-robin de 13 rondas, en el que cada victoria da un punto, las tablas medio y la derrota, cero. En ese marco, el argentino firmó 4 triunfos, 3 caídas y 6 empates, cifras que muestran regularidad dentro de un nivel de exigencia altísimo.

El camino de Oro no fue lineal. Tras un prometedor arranque, atravesó un tramo especialmente duro con cinco rondas sin ganar, incluyendo tres derrotas y un empate consecutivos en el corazón del torneo. Ese bache le alejó de la pelea por el título e incluso le obligó a reordenar prioridades: más que mirar la parte alta de la tabla, tocaba recuperar sensaciones y confianza.

La respuesta llegó en la 11.ª ronda. Después de esa serie de tropiezos, el prodigio argentino se recompuso con una victoria clave que le permitió cortar la mala racha y “volver a sonreír”. Lejos de venirse abajo, Faustino tiró de personalidad y de ese estilo sin complejos que ya se ha convertido en su sello para reconducir el torneo.

La victoria sobre Daniil Yuffa que cambió el ánimo

El punto de inflexión llegó en la llamada 11.ª rueda, cuando Oro se midió con el gran maestro Daniil Yuffa, jugador nacido en Rusia pero representante de España, de 28 años. Con las piezas blancas, el argentino se impuso tras 41 jugadas de una Defensa Siciliana en una partida que rondó las cuatro horas de duración.

El plan de Faustino fue tan sólido como incisivo. Detectó dos imprecisiones tempranas de su rival en la fase inicial de la partida -un movimiento poco preciso de torre en la jugada 14 y una maniobra dudosa de caballo justo después- y las castigó con una comprensión muy fina de la posición. Bloqueó el centro y lanzó un ataque directo contra el enroque rival, donde la defensa de Yuffa terminó cediendo ante la presión.

Los análisis computacionales posteriores subrayaron la calidad del triunfo: los motores de análisis valoraron que Oro jugó con un 95% de precisión, por encima del 88% de su adversario. Más allá de las cifras, el encuentro confirmó su capacidad para convertir pequeñas ventajas en ataques decisivos contra grandes maestros curtidos en la élite.

El contexto engrandece aún más esa victoria. Yuffa, que logró el título de gran maestro a los 19 años, fija su rutina diaria en unas siete horas de trabajo ajedrecístico y varias sesiones semanales de gimnasio para soportar maratones de más de seis horas ante el tablero, llegando incluso a perder hasta 3 kilos en torneos largos. Superar a un rival tan profesionalizado con apenas 12 años habla del nivel competitivo al que ya se mueve el argentino.

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Duelo generacional con Vasyl Ivanchuk: precisión de “computadora humana”

Poco después de ese triunfo, Faustino afrontó uno de los retos más esperados del torneo: enfrentarse de nuevo al ucraniano Vasyl Ivanchuk, una auténtica leyenda viva del ajedrez. Campeón mundial juvenil en 1986, triple ganador del Torneo de Linares -por delante incluso de Karpov y Kasparov-, triple vencedor también del Memorial Capablanca y ex número 2 del ranking FIDE, además de campeón mundial de partidas rápidas en 2016.

En la penúltima ronda del Challengers, el calendario quiso que Oro e Ivanchuk se vieran las caras otra vez en Wijk aan Zee. El ucraniano llegaba con una necesidad clara: ganar para seguir peleando una plaza en el Masters del año siguiente y mantenerse al acecho de los líderes. Enfrente, el argentino tenía la oportunidad de medirse, una vez más, con una figura a la que admira desde niño.

Con piezas negras, Faustino planteó una estrategia muy sobria, igualando la posición desde la apertura y respondiendo con enorme precisión a cada intento de desequilibrio. La partida se convirtió en un duelo de alto voltaje, con posiciones abiertas y reyes expuestos en un equilibrio dinámico en el que cualquier error podía resultar decisivo.

El análisis posterior reflejó el nivel del encuentro: Oro alcanzó un 98,8% de precisión, prácticamente idéntico al 98,7% de Ivanchuk. Ambos se movieron al ritmo de los módulos de análisis, encajando jugadas complejas y maniobrando sin dar resquicio al rival. Al final, el resultado fue de tablas (½-½), un empate que impedía al ucraniano recortar toda la distancia necesaria, pero que reforzaba la imagen del argentino frente a uno de los grandes nombres de la historia reciente del ajedrez.

Empate amargo ante Maurizzi y sexto puesto final

El cierre del torneo llegó en la 13.ª y última ronda, con un duelo de alta exigencia frente al gran maestro francés Marc’Andria Maurizzi, de 18 años, campeón nacional, ex campeón mundial juvenil y situado alrededor del puesto 133 del ranking mundial. De nuevo en el De Moriaan Center, Oro llevó las piezas blancas y optó por una Apertura Española que derivó en una lucha de largo aliento.

La partida se extendió durante 46 jugadas a lo largo de algo más de cuatro horas. En pleno medio juego, tras solo 17 movimientos, el argentino decidió embarcarse en un sacrificio estratégico de caballo a cambio de tres peones, una apuesta valiente que exigía exactitud en cada decisión. La compensación era clara: iniciativa sostenida y presión a largo plazo, pero cualquier imprecisión podía volverse en su contra en el final.

El reloj entró pronto en escena. A la altura de la jugada 22, a Faustino le quedaban aproximadamente 30 minutos para completar 18 movimientos hasta el control de las 40 jugadas. La posición estaba en plena combustión táctica y el francés trató de aprovechar su mejor manejo del tiempo para complicar las cosas y provocar fallos.

El encuentro dio varios giros dramáticos. En las jugadas 25 y 26, Maurizzi encadenó dos errores consecutivos que dejaron su posición objetivamente inferior y al argentino muy cerca de la victoria. Según los análisis, en la jugada 28 un avance de peón preciso le habría permitido ganar pieza y encarrilar el punto completo, pero Oro eligió la continuación equivocada y la balanza volvió a equilibrarse.

Aun así, la oportunidad regresó. En la jugada 35, el francés volvió a fallar y Faustino dispuso de otra ocasión clara para rematar con la dama, a pesar de estar ya casi sin tiempo: apenas dos minutos para completar cinco jugadas hasta el control. Encontrar la secuencia ganadora en semejante apuro era una tarea casi inhumana; finalmente, optó por un camino más seguro que derivó en simplificaciones.

La jugada 40 llegó con 44 segundos en el reloj del argentino. Una vez superado el control, la posición se fue licuando hacia una igualdad total y ambos terminaron firmando las tablas por repetición. Deportivamente, el medio punto era valioso frente a un rival de ese nivel; emocionalmente, quedó la sensación de que la victoria estuvo muy cerca y se escapó por detalles ligados más al tiempo que al juego.

Clasificación final y papel de Oro frente a otros grandes maestros

En la parte alta de la clasificación, el torneo se decidió entre tres nombres: el estadounidense Andy Woodward y el azerbaiyano Aydin Suleymanli, que alcanzaron los 9 puntos, y el propio Ivanchuk, que se quedó en 8,5. El francés Maurizzi terminó con 7,5, seguido por la kazaja Bibisara Assaubayeva y el argentino Faustino Oro, ambos con 6,5 en algunos recuentos intermedios y 7 puntos para el cómputo final del argentino, que le otorgó el 6.º puesto.

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Más allá de los nombres propios, los datos invitan a ponderar su actuación: Oro superó en la tabla a tres grandes maestros de más de 2600 de Elo -el serbio Velimir Ivic (2638), el propio Daniil Yuffa (2604) y el neerlandés Erwin l’Ami (2634)– y, por primera vez en un torneo de este calibre, venció a dos grandes maestros en una misma competición. Todo ello en un entorno en el que cada medio punto se pelea al límite.

En una de las rondas decisivas, por ejemplo, el estadounidense Woodward (Elo 2608) derrotó a Maurizzi (2611) en un choque directo por el liderato, mientras que Ivanchuk (2605) frenó la racha de Suleymanli (2628) y le cortó el invicto. Ese tipo de resultados reflejan la densidad competitiva del certamen, en el que Oro se mantuvo con opciones de pelear por las plazas altas hasta el final.

El torneo también dejó otros duelos destacados para el argentino, como las tablas con la estadounidense Carissa Yip (Elo 2466) tras 59 jugadas, en una partida muy trabajada, o la recordada victoria sobre la china Miaoyi Lu en la edición anterior, donde se atrevió a sacrificar las dos torres en un ataque espectacular, una muestra de la imaginación y valentía que suele mostrar cuando ve la oportunidad.

Un año de evolución: del debut duro al salto de calidad

Si se compara su actuación de 2025 con la de 2026, el salto es evidente. En su primera participación en Wijk aan Zee, Faustino había terminado con 3,5 puntos sobre 13, muy lejos de los puestos de cabeza y con la sensación de que el torneo le quedaba grande. Esta vez, en cambio, duplicó su puntuación hasta los 7 puntos y se instaló en la zona media-alta frente a un plantel de rivales igual o incluso más fuerte.

La mejora no se limita al marcador. A nivel de juego, Oro mostró un conocimiento mucho más profundo de las posiciones que afronta y una notable capacidad para seguir las recomendaciones teóricas, tal y como destacaba tiempo atrás su primer entrenador, el maestro Jorge Rosito. En aquellas primeras clases, Rosito ya se sorprendía al ver cómo el chico jugaba ciertas defensas con movimientos exactamente correctos sin haberlas estudiado formalmente, guiado únicamente por su intuición sobre el desarrollo de las piezas.

Este torneo pareció confirmar esa evolución: sacrificios posicionales como el del caballo por tres peones ante Maurizzi, la forma de castigar las inexactitudes de Yuffa o la precisión casi milimétrica frente a Ivanchuk son rasgos de un jugador que combina talento natural con una preparación cada vez más sofisticada.

El propio oro reconocía antes de enfrentarse al ucraniano que ya tenía cuatro partidas previas contra él, todas terminadas en tablas, y que volver a jugar frente a una figura de ese calibre era “muy lindo”. En el tablero, tanto en 2025 como en 2026, la realidad reafirmó esas palabras: todos sus duelos con Ivanchuk han sido encuentros muy sólidos en los que la experiencia y el talento se midieron de igual a igual.

El récord de gran maestro más joven y la hoja de ruta que viene

Más allá de lo ocurrido en Wijk aan Zee, alrededor de Faustino planea otra historia: la posibilidad de convertirse en el gran maestro más joven de la historia. El récord lo ostenta actualmente el estadounidense de origen indio Abhimanyu Mishra, que logró el título con 12 años, 4 meses y 25 días. Para superarlo, el argentino dispone de margen solo hasta el 10 de marzo.

La dificultad no es solo deportiva, sino también logística. Para completar el título necesita sumar una tercera norma de gran maestro. Ya cuenta con dos normas obtenidas en torneos cerradosuna en Madrid y otra en Buenos Aires-, pero la normativa de la FIDE desde 2022 obliga a que, de las tres normas requeridas, al menos una se consiga en un torneo abierto. El Tata Steel Challengers, al ser un evento cerrado por invitación, no sirve para ese objetivo.

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De ahí que el foco inmediato pase por encontrar un abierto con más de 40 participantes que pueda finalizar antes de esa fecha de marzo. No es un rompecabezas sencillo: el calendario internacional y los compromisos ya pactados dejan pocas opciones viables a tan corto plazo, y muchos eventos fuertes de este tipo se concentran a partir de abril, como el Abierto de Menorca en España.

Todo esto abre un debate interno en su entorno: forzar la búsqueda de un torneo que permita intentar el récord o mantener la planificación trazada para 2026, con varios abiertos en territorio español entre abril y mayo para seguir sumando experiencia y normas sin tanta presión temporal. En esa decisión jugarán un papel clave sus padres, Alejandro y Romina, muy involucrados en su carrera y en el equilibrio entre la ambición deportiva y el bienestar del chico.

En cualquier caso, los precedentes históricos invitan a relativizar el peso del récord. Ni Magnus Carlsen ni Gari Kaspárov, por ejemplo, fueron grandes maestros a la edad que tiene hoy Faustino, y eso no les impidió convertirse en campeones del mundo y referencias absolutas del juego. Para el argentino, el objetivo de fondo es más amplio: asentarse en la élite a largo plazo y seguir progresando paso a paso.

Un talento precoz en el contexto del ajedrez mundial

El rendimiento de Oro en Wijk aan Zee también se entiende mejor al situarlo en el mapa actual del ajedrez internacional. La lista FIDE muestra hoy una competencia feroz en la parte alta: más de doce grandes maestros superan los 2750 puntos de Elo y una porción significativa de los cien mejores –34 jugadores– han nacido ya en este siglo.

Entre los sub-20, la carrera es igual de intensa. Encabezan el grupo nombres como D. Gukesh y el turco Yagiz Kaan Erdogmus, ambos por encima de los 2650 puntos, seguidos por talentos como Volodar Murzin o el propio Marc’Andria Maurizzi. Más abajo en ese ranking, pero todavía en una posición relevante, asoma Faustino Oro, que figura alrededor del puesto 41 juvenil con su actual Elo de 2526, siendo además el más joven de toda la lista, nacido en 2013.

Esa combinación de edad y fuerza de juego explica por qué su nombre genera tanta atención. Oro aprendió a mover las piezas hace poco más de cinco años, durante la pandemia de Covid-19, y en ese breve lapso pasó de ser un niño curioso a convertirse en una de las promesas más comentadas del circuito. Lo que en otros casos exige décadas de trabajo, en el suyo parece comprimido en un periodo sorprendentemente corto.

Mientras tanto, el ajedrez femenino y juvenil también viven un momento de expansión, con jugadoras como Hou Yifan, Ju Wenjun o la propia Eline Roebers -rival de Oro en el Tata Steel- ocupando un espacio cada vez más visible en la escena internacional. En ese ecosistema tan competitivo, el hecho de que un niño argentino de 12 años salga de Wijk aan Zee firmando tablas contra Ivanchuk y venciendo a grandes maestros consolidados es un dato que no pasa desapercibido.

Todo lo vivido en este Tata Steel deja a Faustino Oro en una posición muy particular: sigue siendo un chico que disfruta cruzarse a sus ídolos a pocos metros de su mesa en el torneo Masters, pero al mismo tiempo ya compite a un nivel que lo sitúa a las puertas de la élite. Con un sexto puesto en uno de los torneos más exigentes del calendario, dos grandes maestros derrotados, tablas de altísimo nivel frente a una leyenda como Ivanchuk y una subida de Elo hasta los 2526 puntos, el argentino se marcha de Wijk aan Zee con argumentos de sobra para encarar sus próximos desafíos con la tranquilidad de saber que su progresión sigue intacta y con la impresión, cada vez más extendida, de que su nombre habrá que tenerlo muy en cuenta en los años que vienen.

Chessi
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