- Apertura de Gambit Café, primer bar de ajedrez de Madrid, en pleno barrio de Malasaña.
- Proyecto liderado por la emprendedora francesa Alexandra Tivoly, que busca deselitizar el ajedrez.
- Espacio de más de 100 m² con tarifa de juego asequible, programación de torneos y eventos.
- Carta de picoteo, postres, coctelería clásica y cafés de especialidad pensada para acompañar las partidas.
En una de las calles más dinámicas de Malasaña ha abierto sus puertas Gambit Café, un nuevo bar de ajedrez en Madrid que se presenta como el primer chess bar de la ciudad. No se trata solo de un local donde sentarse a tomar algo y mover piezas, sino de un espacio que reivindica la conversación tranquila, el juego cara a cara y una forma de ocio distinta a la noche de copas de siempre.
Lejos de la imagen solemne de los clubes de toda la vida, este nuevo proyecto quiere acercar el ajedrez a cualquiera que tenga curiosidad, sin importar su edad, nivel o experiencia previa. La idea es que el tablero sea una excusa para quedar, charlar, aprender algo nuevo o simplemente observar cómo se desarrolla una partida mientras se disfruta de una bebida o un picoteo.
Un concepto pionero en la capital
Gambit Café se ha instalado en pleno corazón de Malasaña, uno de los barrios más acostumbrados a experimentar con nuevas fórmulas de ocio y cultura en Madrid. En una zona repleta de bares, restaurantes y propuestas alternativas, este local se diferencia por poner el ajedrez en el centro de la experiencia, sin convertirlo en algo exclusivo ni intimidante.
El espacio suma más de 100 metros cuadrados distribuidos para que el juego fluya con comodidad: mesas a medida preparadas para colocar el tablero sin apuros, zonas delimitadas con cortinas para quienes buscan más concentración y un ambiente pensado para combinar partidas, copas y conversación en un mismo lugar.
Lejos de funcionar como un club cerrado, el bar se define como un punto de encuentro abierto, híbrido entre cafetería, bar de copas y espacio de juego. El objetivo es que la gente pueda entrar tanto para echar una partida rápida como para pasar la tarde entera entre movimientos, charlas y algo de comer.
Para quienes quieran usar los tableros, la dinámica es sencilla: con una tarifa de tres euros se puede jugar sin límite de tiempo ni de partidas. Esta cuota única permite que se reúnan en las mesas desde principiantes que apenas conocen las reglas hasta jugadores más avanzados acostumbrados a competir, todos compartiendo el mismo espacio sin jerarquías.
La propuesta se apoya en un entorno cálido que intenta alejarse del tópico del ajedrez como disciplina fría o solemne. La atmósfera del local invita tanto a concentrarse en la estrategia como a relajarse con una copa en la mano, sin la presión de tener que rendir ni demostrar nada.
La visión de Alexandra Tivoly
La persona detrás de esta idea es Alexandra Tivoly, una joven emprendedora francesa de 26 años que decidió dar un giro a su carrera al llegar a Madrid. Tras trabajar en el sector financiero, optó por cambiar de rumbo y crear un negocio que conectara con sus intereses personales y sus recuerdos familiares.
El ajedrez le acompaña desde pequeña, un juego que aprendió con su padre y que más tarde volvió a encontrar en bares europeos donde las partidas se mezclaban con copas y charlas largas. Ese formato, más social que competitivo, fue el que le hizo plantearse que en Madrid faltaba un lugar donde el tablero se integrase con naturalidad en la vida cotidiana.
Según cuenta Tivoly, la intención es desmontar la idea de que el ajedrez es solo cosa de clubes cerrados o de una élite intelectual. Su mensaje es claro: cualquier persona puede disfrutar de este juego, tanto si quiere aprender desde cero como si busca un sitio donde practicar sin un ambiente excesivamente formal.
En sus propias palabras, el ajedrez no solo mejora la concentración o la memoria, sino que también enseña a gestionar la derrota, tomar decisiones con calma y respetar al rival. Para ella, es una metáfora bastante fiel de la vida moderna, en la que conviven la presión, la rapidez y la necesidad de parar a pensar antes de actuar.
Gambit Café es, en ese sentido, el punto de cruce entre el deseo de crear un lugar acogedor y contemporáneo y la importancia que este juego ha tenido en su historia personal y familiar. Un proyecto que transforma una afición íntima en un espacio urbano abierto al barrio.
El ajedrez como nueva forma de ocio
La apertura de este nuevo bar de ajedrez encaja con un cambio de tendencia en los hábitos de ocio de mucha gente joven y adulta en Madrid. Cada vez son más quienes prefieren planes tranquilos, actividades participativas y alternativas a la clásica noche de discoteca o bar de copas sin más.
En este contexto, los juegos de mesa han vuelto a ganar protagonismo como opción para socializar de manera más pausada. El ajedrez, que combina reto intelectual, estrategia y momentos de silencio compartido, se adapta bien a ese tipo de planes en los que se valora tanto la experiencia como la compañía; además, se complementa con juegos de estrategia similares al ajedrez que también atraen a públicos interesados en partidas cara a cara.
Gambit Café recoge esa energía y la lleva a su terreno: un lugar donde se puede ir acompañado, en pareja o incluso solo, sabiendo que habrá ambiente para conversar o concentrarse en la partida. Quien no se anime a jugar puede simplemente tomar algo y observar cómo se desarrolla el juego en las distintas mesas.
El local quiere servir, además, como punto de entrada para quienes nunca se han acercado al ajedrez. La idea es que nadie sienta que “no sabe suficiente” para sentarse a un tablero, y por eso se anima tanto a quienes llegan con experiencia como a aquellas personas que apenas recuerdan cómo se mueven las piezas.
En un barrio que acostumbra a reinterpretar las modas urbanas, este nuevo espacio se suma a la oferta de ocio madrileña proponiendo una forma de socializar menos acelerada, basada en el cara a cara y en el tiempo compartido sin prisas. Un contraste con la dinámica habitual de la ciudad, cada vez más marcada por la inmediatez y las pantallas.
Un funcionamiento sencillo y abierto a todos
El modelo de Gambit Café se ha planteado para que cualquiera pueda entenderlo y utilizarlo sin complicaciones desde el primer día. No hace falta hacerse socio ni apuntarse a un club; basta con entrar, pedir algo en barra o en mesa y, si apetece, solicitar un tablero.
Por una tarifa fija de tres euros se tiene acceso al juego sin límite de tiempo ni de número de partidas, lo que permite que las mesas se conviertan en escenarios de encuentros largos, sesiones improvisadas entre amigos o simples pique amistosos de unas cuantas jugadas.
El espacio está pensado para convivir distintos perfiles: jugadores habituales que quieren practicar, principiantes que se atreven a probar por curiosidad y personas que solo desean acompañar a otros mientras toman algo. No hay dress code ni códigos estrictos; el ambiente busca ser relajado y cercano.
Para quienes acaben enganchándose, el bar tiene previsto ofrecer abonos con ventajas y descuentos, una fórmula que refuerza el sentimiento de comunidad y anima a repetir visita de forma regular sin que el coste sea una barrera.
La distribución del local, con zonas más resguardadas para concentrarse y otras más abiertas donde el ruido y la charla tienen más protagonismo, permite elegir entre una experiencia casi de torneo silencioso o una tarde de juego más distendida, adaptándose a lo que cada cual busca en cada momento.
Torneos, clases y colaboraciones internacionales
Más allá del juego espontáneo, Gambit Café ha diseñado una programación pensada para dinamizar la comunidad en torno al ajedrez. El calendario incluye torneos periódicos, partidas simultáneas y actividades orientadas tanto a jugadores con experiencia como a quienes quieren aprender desde cero.
El local aspira a convertirse en un espacio de referencia donde se mezclen la vertiente competitiva, la divulgación y el puro entretenimiento. De ahí que se programen también charlas con jugadores invitados, sesiones de aprendizaje rápido, desde aperturas hasta finales de ajedrez, y encuentros temáticos centrados en aspectos concretos del juego.
Uno de los puntos llamativos del proyecto es la colaboración con plataformas de ajedrez tan conocidas como Chess.com y ChessMood, que permite conectar la experiencia presencial del bar con el entorno digital, incluyendo recursos como la clasificación en vivo en los que hoy se mueven muchos aficionados.
Entre las actividades previstas se contemplan retransmisiones de partidas históricas y coberturas de torneos en directo, de forma que quienes acudan al bar puedan seguir grandes enfrentamientos en pantalla mientras comentan jugadas y posiciones con otras personas del local.
El objetivo declarado es que el espacio funcione como un pequeño centro cultural en torno al ajedrez, donde se pueda observar, participar activamente o simplemente dejarse llevar por el ambiente sin necesidad de estar compitiendo en cada visita.
Una carta pensada para acompañar la partida
El ajedrez no llega solo a las mesas. La propuesta gastronómica de Gambit Café se ha diseñado para acompañar el ritmo del juego sin resultar pesada ni complicada de compartir. El protagonismo recae en el picoteo sencillo y en los platos que se pueden ir tomando entre jugada y jugada.
Entre las opciones saladas destacan hummus, pincho de tortilla de patatas, gildas, tablas de embutidos, distintos tipos de sándwiches y una tabla de queso feta con aceitunas o frutas. Son raciones pensadas para el centro de la mesa, fáciles de combinar y de comer sin interrumpir la partida constantemente.
Para quienes prefieren algo dulce, la carta incluye clásicos como cheesecake, brownie, cookies, helados y tarta de zanahoria. Opciones que permiten alargar la sobremesa después de la partida o acompañar un café de media tarde mientras se observa el ambiente.
La parte líquida tiene un peso especial: la coctelería clásica ocupa el centro de la oferta, con referencias como Mojito, Margarita, Caipirinha, Negroni o Espresso Martini, a las que se suman combinaciones más actuales como Pornstar Martini, Whisky Sour, Paloma o Pisco Sour.
Además, el bar cuenta con una selección de cafés de especialidad, con y sin alcohol, que va desde el doble espresso o el café con leche hasta el capuccino, el iced latte, el frappé o el affogato, junto a vinos, combinados premium y alternativas sin alcohol para quienes prefieran algo más suave.
Un nuevo punto de encuentro para el barrio
La ubicación de Gambit Café en Malasaña no es casual. El barrio se ha consolidado como un laboratorio de tendencias, donde bares, restaurantes y espacios culturales prueban fórmulas que luego se extienden al resto de la ciudad. En ese ecosistema, un bar dedicado al ajedrez encaja como una pieza más de una escena en constante movimiento.
El local se suma a otras propuestas que están redefiniendo el tiempo libre en Madrid, apostando por planes más tranquilos, participativos y con un componente social claro. En lugar de centrarse solo en la música alta y la barra, aquí se prioriza la conversación, el juego y la sensación de “estar” más que de “pasar de largo”.
En torno al tablero se dan cita parejas que buscan un plan distinto, grupos de amigos que cambian la noche de fiesta por unas partidas y personas que simplemente quieren un lugar acogedor donde sentarse a observar. Todos comparten un mismo escenario en el que la velocidad se rebaja y el tiempo parece medirse por jugadas, no por relojes.
La combinación de juegos, copas y gastronomía hace que el bar funcione tanto como punto de inicio de la noche como lugar donde terminarla de manera más relajada. Desde la primera hora de la tarde hasta la noche avanzada, el espacio se adapta a distintos ritmos y perfiles.
Con todo ello, Gambit Café se posiciona como una propuesta singular dentro de la oferta madrileña: un nuevo bar de ajedrez en Madrid que convierte un juego clásico en excusa para encontrarse, charlar, comer y brindar. Un sitio en el que el ruido de la ciudad queda algo más lejos y en el que cada movimiento sobre el tablero marca el compás de un ocio más pausado y cercano.


