- Marc Barceló se proclama campeón del mundo de rápidas sub-10 en Serbia con 9,5 puntos de 11.
- El tarraconense ya había logrado el Mundial blitz sub-9 en Turquía y es Candidate Master con solo 9 años y 2 meses.
- Entrena dos horas diarias y compite con los mejores talentos del mundo, manteniendo un sólido palmarés en España y Europa.
- Vive el ajedrez como un juego divertido, con referentes como Carlsen, Kasparov y Fischer, y sueña con llegar a gran maestro.

Con solo nueve años, Marc Barceló se ha consolidado como una de las grandes promesas del ajedrez mundial de base. El joven jugador tarraconense ha conquistado el título de campeón del mundo de rápidas sub-10 en Serbia, un logro que se suma a un palmarés que, a su edad, resulta difícil de asimilar incluso para los más veteranos del tablero.
Este ajedrecista catalán, que compite por el Club Escacs Tarragona y cursa cuarto de primaria, no solo brilla en los campeonatos internacionales, sino que también mantiene una rutina de entrenamiento muy seria, a pesar de seguir viendo el ajedrez como un juego que le divierte y le reta a partes iguales.
Campeón del mundo de rápidas sub-10 en Serbia
En el Campeonato del Mundo de Edades sub-10 disputado en Vrnjacka Banja (Serbia), Marc Barceló se ha proclamado campeón del mundo en la modalidad de partidas rápidas. El certamen forma parte del programa del Campeonato Mundial FIDE de Jóvenes y Cadetes de rápidas y relámpago, que reúne a algunos de los talentos más prometedores del planeta.
Barceló se adjudicó el oro tras sumar 9,5 puntos de 11 posibles en un torneo jugado a un ritmo de 15 minutos por jugador más 5 segundos de incremento por jugada. Este registro refleja un dominio notable frente a sus adversarios, en un campeonato con un nivel muy exigente y una presión constante en cada ronda.
El torneo se desarrolló a lo largo de tres jornadas intensas, en las que se disputaron 11 rondas. En total participaron decenas de jóvenes jugadores de todo el mundo, dentro de un macroevento en el que llegaron a competir más de 400 ajedrecistas de unas 40 federaciones nacionales en las distintas categorías y modalidades.
En la clasificación final de rápidas sub-10, Marc se impuso con medio punto de ventaja sobre sus perseguidores más directos, los kazajos Nurislam Sultankhan y Nurali Nurshin, que terminaron el campeonato con 9 puntos. El cuadro lo completaban un total de 76 participantes, lo que da una idea de la dificultad del torneo.
Reacción ante la presión y carácter competitivo
A pesar de partir como primer cabeza de serie del ranking inicial, el camino hacia el título no fue un paseo. La séptima ronda supuso un momento delicado: Barceló encajó una derrota frente al uzbeko Nurmuhammad Nematillakhonov, un tropiezo que le relegó al tercer puesto provisional y le dejó a un punto del entonces líder.
Lejos de venirse abajo, el joven tarraconense sacó su carácter competitivo y su fortaleza mental. A partir de esa derrota enlazó cuatro victorias consecutivas en las rondas finales, una racha perfecta que le permitió remontar la desventaja y asegurar el título mundial.
Ese tramo decisivo del campeonato evidenció su capacidad para gestionar los nervios y reaccionar tras un revés, una cualidad poco habitual a tan corta edad. En un formato tan exigente como las rápidas, donde el tiempo apremia y los errores se pagan caros, mantener la calma y encontrar recursos sobre el tablero resulta clave.
Además del éxito individual de Marc, el torneo se disputó en un contexto en el que varias potencias emergentes del ajedrez de base, como Kazajistán, demostraron un nivel altísimo, acumulando numerosas medallas en el conjunto de categorías. En ese panorama, el triunfo del catalán tiene aún más valor.
Un palmarés precoz: del Mundial blitz sub-9 al título de Candidate Master
El triunfo en rápidas sub-10 en Serbia no es un caso aislado, sino un paso más en la meteórica trayectoria de Marc Barceló. Antes de coronarse en esta modalidad, ya había conquistado un título mundial en la categoría sub-9, en la especialidad blitz, en un campeonato disputado en Turquía a finales de 2025.
En aquella cita en tierras turcas, el joven ajedrecista se proclamó campeón del mundo de ajedrez relámpago sub-9 y, además, logró el subcampeonato mundial en rápidas. Ese doble resultado le situó de inmediato en el radar del ajedrez internacional como uno de los talentos más prometedores de su generación.
Su hoja de servicios incluye, asimismo, un Campeonato de España sub-10 y tres títulos de Catalunya en categorías de formación (uno sub-8 y dos sub-10). También ha destacado en el ámbito continental, con un meritorio 15.º puesto en un Europeo sub-10, compitiendo frente a rivales de gran nivel que también apuntan a lo más alto.
Más allá de los resultados en torneos, uno de los hitos que mejor refleja su progresión es la obtención del título de Candidate Master (Maestro Candidato) de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE). Esta distinción, la cuarta en importancia tras Maestro FIDE, Maestro Internacional y Gran Maestro, la consiguió con tan solo 9 años y 2 meses.
Ese logro le convirtió en el segundo jugador más joven de la historia en alcanzar el título de Candidate Master, solo superado por un joven francés de su misma generación, Luca Protopopescu. Además, ha llegado muy pronto a la barrera de los 2.200 puntos de ELO, situándose en registros que, a su edad, aún no habían alcanzado algunas de las grandes leyendas del tablero.
Del salón de casa al circuito internacional
El idilio de Marc con el ajedrez comenzó casi por casualidad. Con seis años, rechazó ir a un campamento de verano y su padre, Javier, buscó una alternativa para mantenerlo entretenido en casa. Fue entonces cuando le enseñó las reglas básicas del juego sin sospechar el talento que estaba a punto de descubrir.
En apenas unas semanas, el niño ya era capaz de ganar a su padre con regularidad. A partir de ahí, el ajedrez dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en una parte esencial de su día a día. Su padre le instaló una aplicación en el móvil para que pudiera jugar partidas online contra rivales de cualquier lugar del mundo.
Muy pronto, Marc empezó a encadenar victorias frente a adversarios mayores que él, algo que llamó la atención de su entorno. Sin que hubiera tradición ajedrecística en la familia —ni en la de su padre, nacido en Zaragoza y dedicado a la informática, ni en la de su madre, Olena, ucraniana especializada en análisis de datos— el talento del pequeño se abrió camino por sí solo.
Su progresión le llevó a integrarse en el Club Escacs Tarragona, desde donde ha ido dando el salto a campeonatos autonómicos, estatales e internacionales. El club ha sido un pilar importante en su desarrollo, proporcionándole un entorno competitivo y entrenadores que han acompañado su crecimiento.
Con el éxito acumulado, las escapadas en familia se han transformado en viajes ligados al calendario de torneos. En los últimos años, Marc y sus padres han recorrido buena parte de España y han viajado a países como Turquía, Montenegro o Serbia, organizando las vacaciones en función de las competiciones.
Entrenamientos, estudios y vida cotidiana
Para sostener este nivel, Marc sigue una rutina de entrenamiento de unas dos horas diarias. Combina clases presenciales con sesiones en línea, análisis de partidas y trabajo específico en aperturas, táctica y finales, todo ello adaptado a su edad y a sus obligaciones escolares.
A pesar de la exigencia deportiva, continúa siendo un alumno aplicado de cuarto de primaria. Saca buenas notas, especialmente en asignaturas como Matemáticas, Historia, Inglés, Catalán y Castellano. Cuando viaja para competir puede faltar hasta una semana de clase, pero su rendimiento académico se mantiene estable.
El ajedrez también ha influido en su vida social y en la manera de relacionarse. Además de los amigos del colegio, tiene compañeros de juego repartidos por distintas ciudades de España y otros países, a quienes suele ver durante los campeonatos. Es un círculo social particular, ligado al mundo de las 64 casillas.
Lejos del tablero, Marc disfruta con actividades que requieren lógica y concentración, como los puzles o el cubo de Rubik, que empezó a resolver con apenas cinco años en poco más de un minuto. También le gusta montar en bicicleta o jugar al tenis de mesa en los ratos libres que le deja el ajedrez.
Antes de entregarse por completo a las piezas, probó con el fútbol como centrocampista en el equipo de su colegio. Tenía calidad, sobre todo con la pierna izquierda, pero no terminaba de adaptarse a la disciplina táctica. Llegó un momento en que sus padres le plantearon elegir entre el balón y el tablero, y él optó claramente por el ajedrez.
Referentes, estilo de juego y forma de entender el ajedrez
Marc afronta las partidas con una mezcla de seriedad competitiva y espíritu lúdico. Para él, el ajedrez sigue siendo “como un juego” en el que unas veces se gana y otras se pierde, una visión que le ayuda a relativizar los resultados y a disfrutar del proceso de aprendizaje.
Entre sus ídolos figuran nombres mayúsculos de la historia del ajedrez. En su habitación cuelga una fotografía de Magnus Carlsen, actual referencia del ajedrez mundial, a quien considera su modelo principal. También admira a Garry Kasparov y Bobby Fischer, de quienes ha visto numerosas partidas y vídeos para estudiar su juego.
En cuanto a su estilo, se siente especialmente cómodo jugando al ataque y buscando combinaciones tácticas. Las modalidades rápidas y blitz, en las que ya ha demostrado ser uno de los mejores de su edad en el mundo, encajan muy bien con su capacidad para calcular con rapidez y encontrar recursos creativos en posiciones complejas.
El juego no se queda en el tablero: a menudo, cuando se va a dormir, imagina posiciones y situaciones de partida. Sueña con movimientos, ideas y finales, lo que muestra hasta qué punto el ajedrez forma parte de su día a día y de su manera de pensar.
Aun así, no renuncia a otras aficiones. Le gusta la lectura y tiene especial cariño por “El Principito”, libro que recibió como regalo tras participar en una representación escolar de la obra. En cuanto a ocio audiovisual, no es especialmente aficionado al móvil o a la televisión, aunque cuando tiene ocasión ve capítulos de series infantiles clásicas.
Un equipo técnico de primer nivel y objetivos de futuro
Detrás de los logros de Marc hay también un equipo de entrenadores con amplia experiencia. Entre quienes trabajan en su preparación se encuentran el Maestro Internacional venezolano José Sequera, el Gran Maestro español Miguel Illescas —uno de los referentes históricos del ajedrez en España— y Francesc Farran, Maestro FIDE y figura clave del Club Escacs Tarragona.
Este grupo de trabajo le ayuda a pulir aspectos técnicos y estratégicos, a gestionar la preparación previa a los torneos y a analizar sus partidas para corregir errores. Todo ello con la vista puesta en un desarrollo gradual, sin prisas, pero aprovechando al máximo su enorme potencial.
Su reciente título mundial de rápidas sub-10 llega, además, acompañado de nuevos desafíos a corto plazo. En Serbia, después de proclamarse campeón en esta modalidad, tiene todavía la posibilidad de luchar por otro entorchado en el Campeonato del Mundo de Relámpago sub-10, donde ya sabe lo que es ser el mejor del mundo en una categoría inferior.
A medio y largo plazo, su objetivo es seguir creciendo en el circuito internacional, enfrentándose a los mejores jugadores de su edad y consolidando su ELO. Los pasos que ya ha dado, tanto en competiciones oficiales como en títulos federativos, apuntan a una carrera que podría situarle entre los grandes nombres del ajedrez en los próximos años.
Marc lo tiene claro cuando piensa en lo que vendrá: aspira a convertirse algún día en gran maestro. Mientras tanto, se centra en seguir aprendiendo, compitiendo y disfrutando del juego que, casi por casualidad, descubrió un verano en el salón de su casa.
Con el título mundial de rápidas sub-10 en el bolsillo, el precedente del oro blitz sub-9 logrado en Turquía, un Candidate Master conseguido a una edad récord y un palmarés nacional y autonómico envidiable, Marc Barceló se ha ganado un sitio destacado entre los talentos más precoces del ajedrez actual, todo ello manteniendo la naturalidad y la frescura de un niño que sigue viendo en el tablero un juego apasionante más que una obligación.
