Viktor Korchnoi, el eterno aspirante indomable

Última actualización: 13 de abril de 2026
Autor: Isaac
  • Viktor Korchnoi fue una de las grandes figuras del ajedrez del siglo XX, cuatro veces campeón de la URSS y candidato al título mundial durante casi tres décadas.
  • Su estilo se basaba en un cálculo profundo, finales muy técnicos y una enorme combatividad, con resultados brillantes ante campeones como Tal, Petrosian, Spassky, Fischer o Kasparov.
  • La deserción de la URSS en 1976 y sus dos matches por el campeonato mundial contra Karpov convirtieron su carrera en un símbolo del choque político Este–Oeste.
  • Jugó al máximo nivel hasta una edad muy avanzada, acumuló récords de longevidad competitiva y dejó un legado duradero en libros, teoría de aperturas y memoria colectiva.

Homenaje a Viktor Korchnoi

Resulta difícil hablar de Viktor Korchnoi sin que se mezclen emoción, admiración y cierto asombro. Pocos jugadores han vivido el ajedrez con tanta intensidad, dentro y fuera del tablero, durante tantas décadas. Su figura reaparece con fuerza cada aniversario: no solo por sus partidas brillantes, sino por una biografía que parece sacada de una novela, con guerra, represión, deserciones, duelos políticos y un carácter tan indomable como su estilo de juego.

Al recordar su trayectoria se juntan varias capas: el niño que sobrevive al asedio de Leningrado, el producto más duro de la escuela soviética, el desafiante que planta cara al sistema al desertar, el aspirante que se queda a un paso del título mundial frente a Anatoli Karpov y el veterano que, ya octogenario, sigue derrotando a estrellas jóvenes como Fabiano Caruana. Cada aniversario es una excusa perfecta para repasar una vida que se confunde con la propia historia del ajedrez moderno.

Orígenes, infancia en Leningrado y formación ajedrecística

Viktor Lvóvich Korchnoi nació en Leningrado el 23 de marzo de 1931, en lo que hoy es San Petersburgo. Procedía de una familia compleja: madre judía, Zelda Gershevna Azbel, pianista y alumna del Conservatorio de Leningrado, echa raíces en la ciudad tras llegar desde Ucrania; padre polaco-católico, Lev Merkuryevich Korchnoi, ingeniero en una fábrica de caramelos, también emigrado desde Ucrania unos años antes. Sus padres se separaron pronto y Viktor vivió alternando entre su madre y su padre, junto a su abuela paterna.

La Segunda Guerra Mundial marcó su destino. Durante el brutal asedio de Leningrado, su padre murió en 1941 y el pequeño Viktor sobrevivió en condiciones extremas, experiencia que moldeó ese carácter obstinado que luego se vería en el tablero. Su madrastra, Roza Abramovna Fridman, se convirtió en su principal apoyo y más tarde, ya en su etapa suiza, viviría con él en el exilio.

Aprendió a jugar al ajedrez con su padre a los cinco años, y muy pronto encontró en las 64 casillas una mezcla de refugio y campo de batalla. En 1943 ingresó en el club de ajedrez del Palacio de Pioneros de Leningrado, una de las grandes escuelas soviéticas, donde fue entrenado por figuras clave como Abram Model, Andrei Batúyev y Vladimir Zak. Model había participado en la formación de Mijaíl Botvinnik, y Zak, que más tarde coescribiría un libro con Korchnoi, también trabajó con Boris Spassky. No podía haber tenido un entorno más competitivo.

Pronto llegaron los resultados. En 1947 se proclamó campeón juvenil de la URSS en Leningrado con 11½ puntos de 15, y en 1948 compartió de nuevo el título juvenil en Tallin. A los veinte años ya era un jugador temido en los torneos nacionales. En 1951 consiguió el título de Maestro soviético tras quedar segundo en el Campeonato de Leningrado. Un año más tarde se clasificó por primera vez para la fase final del Campeonato de la URSS, la prueba más dura del mundo en aquella época.

En el plano académico, terminó Historia en la Universidad Estatal de Leningrado, pero su verdadera biografía se escribió en torneos. En 1954 ganó el prestigioso torneo de Bucarest, donde la FIDE le otorgó el título de Maestro Internacional, y en 1956, tras brillar en diversos eventos (incluyendo Hastings 1955-56 y el Campeonato de Leningrado), se le concedió el título de Gran Maestro, la máxima distinción ajedrecística.

Ascenso en la URSS y consolidación como aspirante al título mundial

Durante las décadas de 1950 y 1960, Korchnoi se asentó en la élite de la escuela soviética, aunque con resultados a veces irregulares. Era un jugador de estilo inicialmente agresivo y de contraataque, especialista en defender posiciones difíciles y castigar el más mínimo error. En el durísimo Campeonato de la URSS, la liga más fuerte del planeta, se llevó el título en cuatro ocasiones: Leningrado 1960 (URS-ch27), Ereván 1962 (URS-ch30), Kiev 1964-65 y Riga 1970 (URS-ch38), con resultados demoledores.

En paralelo se fue forjando su reputación internacional. Ganó torneos como Cracovia 1959, Buenos Aires 1960 (empatado con Samuel Reshevsky), Córdoba 1960 y el Memorial Géza Maróczy en Budapest 1961, por delante de Bronstein y Filip. Estos triunfos convencieron a todo el mundo de que Korchnoi estaba entre los mejores jugadores del mundo y que era un candidato serio al cetro de campeón.

Su trayectoria también brilló en equipos. Representó a la URSS en Olimpíadas, Campeonatos de Europa y pruebas universitarias, acumulando 21 medallas. Desde la Olimpíada de Leipzig 1960, pasando por La Habana 1966, Lugano 1968, Siegen 1970 o Niza 1974, casi siempre regresó con oro por equipos y numerosas medallas individuales. Formaba parte de la máquina perfecta de la URSS, pero con un carácter bastante menos dócil que el de muchos colegas.

Su desembarco en el ciclo del Campeonato del Mundo fue inevitable. Se clasificó en el Interzonal de Estocolmo 1962, y en el célebre Torneo de Candidatos de Curazao quedó quinto, con un 50 % de la puntuación y dos victorias memorables frente a Bobby Fischer, una de ellas con defensa Pirc con negras, muy comentada todavía hoy. Aquello mostró que era capaz de tumbar a los mejores en un escenario de máxima presión.

En los años siguientes alternó grandes exhibiciones, como la paliza en Gyula 1965 (14½/15), con altibajos en otros campeonatos soviéticos. Aun así, su tendencia era ascendente: en el ciclo de 1969 avanzó desde el Interzonal de Sousse y derrotó en matches a figuras como Samuel Reshevsky y Mijaíl Tal, con quien ya tenía un registro aplastante. Solo Boris Spassky le detuvo en la final de candidatos de Kiev 1968.

Un estilo único: cálculo, finales complejos y aperturas valientes

Quienes analizaron a fondo sus partidas coincidían en algo: Korchnoi era un calculador casi obsesivo. No se fiaba de intuiciones vagas ni de valoraciones “a ojo”; prefería meterse hasta el fondo en las variantes, peinando opciones como si fuera un motor moderno. De hecho, ya en los años 60 y 70 se hablaba de su estilo como “informático” antes de que las máquinas irrumpieran en el ajedrez.

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Su voracidad material era famosa. Tenía tendencia a capturar peones y piezas siempre que el cálculo lo permitía, y aun así resultaba dificilísimo cazarle en un ataque demoledor. A diferencia de otros jugadores que sufrían por su codicia, Korchnoi solía encontrar recursos defensivos increíbles y devolvía la iniciativa con precisión quirúrgica. Esa combinación de coraje y sangre fría explica su dominio sobre talentos ofensivos como Tal, frente al que mantuvo un marcador muy favorable (+13−4=17).

Otra de sus señas de identidad fue su maestría en los finales, especialmente los de torre. Mucho antes de que se hablara tanto de “técnica Carlseniana”, ya se consideraba a Korchnoi uno de los mejores especialistas del mundo en finales complejos, un campo donde exprimía hasta el último detalle. Su fama en esa fase del juego lo llevó más tarde a escribir un libro de referencia sobre finales de torre, fruto de décadas de experiencia práctica.

En aperturas no era un jugador “cómodo” en el sentido clásico, sino un luchador nato. Repetía líneas como la Defensa Francesa o la Pirc, esquemas que plantean posiciones densas y ricas en desequilibrios, ideales para una batalla larga. Para preparar el match Spassky-Fischer en 1972, llegó a aconsejar por carta al propio Spassky que investigara el Gambito Marshall, la Defensa Petroff y la variante 3…Cf6 en la Española, cuando esas líneas aún no eran tan populares. Hoy muchas de ellas son el núcleo de las defensas más sólidas con negras frente a 1.e4, muestra de su olfato teórico.

También se adelantó a su tiempo con la Variante Abierta de la Española, que estuvo décadas prácticamente monopolizada por él y hoy forma parte estable del repertorio de muchos grandes maestros. Además, da nombre a varias líneas: la Variante Korchnoi en la apertura Inglesa, el Gambito Korchnoi en la Francesa y una estructura cerrada en la Siciliana conocida como Defensa Korchnoi. No era un teórico de despacho, pero sí un innovador práctico, dispuesto a probar ideas duras en la élite.

Camino a los matches con Karpov y choque con el sistema soviético

El gran salto mediático de Korchnoi llega en el ciclo del Campeonato del Mundo 1975. En el Interzonal de Leningrado 1973 terminó empatado en cabeza con el joven Anatoli Karpov. Ya en los matches de Candidatos venció a Henrique Costa Mecking en Augusta y, de nuevo, a su viejo rival Tigran Petrosian en Odesa. En la final le esperaba Karpov, la nueva joya de la URSS.

Ese duelo de Moscú 1974 fue tremendo. Korchnoi tuvo dificultades para encontrar segundos de nivel, porque el aparato soviético se volcó con Karpov. Aun así, contó con ayuda de David Bronstein en ciertos momentos y del tándem británico Raymond Keene – William Hartston. Empezó mal y llegó a ir 3-0 abajo, pero recortó diferencias ganando las partidas 19 y 21. El match terminó 12½-11½ para Karpov, que se ganó el derecho a retar a Bobby Fischer.

Como es sabido, Fischer se negó a defender el título en 1975 por disputas con la FIDE, así que Karpov fue declarado campeón por defecto. Paralelamente, dentro de la URSS se intensificaron las tensiones con Korchnoi. Una parte del establishment, representada por declaraciones públicas de Petrosian, defendía que los jugadores de “la generación que perdió con Fischer” ya no eran aptos para parar al estadounidense, y el sistema empezó a empujar con fuerza a la nueva guardia, encabezada por Karpov, relegando a veteranos como Viktor.

Las consecuencias fueron muy claras: restricciones para competir en el extranjero, invitaciones vetadas incluso dentro de la propia URSS (como el torneo de Estonia propuesto por Keres y Nei) y una sensación creciente de asfixia. Aun así, pudo disputar el Campeonato por Equipos de la URSS y algún torneo internacional en Moscú en 1975, pero la relación con las autoridades estaba cada vez más envenenada.

El giro definitivo llegó tras su participación en un encuentro Scheveningen en Londres contra jóvenes maestros británicos. Esa ligera apertura de puertas culminó con su presencia en Hastings y, sobre todo, en el torneo de Ámsterdam 1976. Allí, compartió el primer puesto con Tony Miles, algo que el aparato soviético esperaba utilizar como argumento a favor de un “Karpov campeón legítimo” al derrotar a un rival tan fuerte. Sin embargo, Korchnoi tenía otros planes.

La deserción de 1976 y la vida en Occidente

Al término del torneo de Ámsterdam, Korchnoi dio el paso que cambiaría su vida. Entró en una comisaría neerlandesa y pidió asilo político. Llevaba tiempo preparando el movimiento: había ido sacando en secreto su biblioteca de ajedrez en dos viajes, y sabía que dejaba atrás a su esposa Bella y a su hijo Igor, que permanecerían en la URSS sufriendo represalias directas.

Durante los primeros tiempos vivió en los Países Bajos, dando simultáneas y jugando matches cortos, como el que ganó claramente a Jan Timman, entonces el mejor jugador no soviético en activo. Más tarde pasó por Alemania Occidental y finalmente se estableció en Suiza en 1978, país cuya ciudadanía obtendría poco después. Desde ese momento compitió bajo bandera suiza, primero como apátrida y luego como ciudadano de pleno derecho.

Su deserción fue un terremoto político. En plena Guerra Fría, la imagen de un gran maestro soviético escapando al bloque occidental fue usada de un lado y de otro como munición propagandística. Para él significó libertad para jugar donde quisiera, pero también una campaña de hostigamiento contra sus familiares. Su hijo Igor sería encarcelado más tarde por supuesta evasión del servicio militar obrigatório y usado como rehén político durante los años de los matches contra Karpov.

En lo deportivo, pese a toda esa presión, mantuvo un nivel impresionante. Ganó numerosos torneos fuertes en Europa y siguió siendo un fijo en la élite. Jugó para Suiza en Olimpiadas a partir de 1978, habitualmente en el primer tablero, incluso cuando su Elo ya no era el más alto del equipo, y se convirtió en el gran estandarte del ajedrez helvético.

Los matches por el Campeonato del Mundo contra Karpov

Gracias a su condición de finalista perdedor en 1974, Korchnoi se clasificó directamente para la fase de Candidatos del siguiente ciclo mundial (1976-78). La propia URSS trató de que fuese excluido por su deserción, pero el entonces presidente de la FIDE, Max Euwe, defendió su derecho a jugar. A partir de ahí comenzó una de las sagas más famosas de la historia del ajedrez.

En cuartos de final derrotó a Petrosian en Il Ciocco (Italia), en una tensa revancha, cediendo solo una derrota y asegurando el pase con tablas en posición ventajosa. En semifinales superó a Lev Polugaevsky en Evian con un claro 5-1 en victorias, y en la final de Belgrado se impuso a Boris Spassky, pese a sufrir un bache de cuatro derrotas consecutivas tras un inicio arrollador. Spassky llegó a negarse a sentarse en el tablero, analizando desde una sala separada, pero Viktor aguantó la tormenta psicológica y selló el duelo 7-4 (con 7 tablas), ganándose el derecho a retar a Karpov.

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Así se llegó al Match por el Campeonato del Mundo de 1978 en Baguio, Filipinas, uno de los enfrentamientos más extraños y politizados que se recuerdan. El formato era a seis partidas ganadas, sin contar los empates. Empezó peor para Viktor: tras 17 partidas el marcador estaba 4-1 a favor de Karpov. Luego acortó distancias con una victoria en la 21, pero el campeón volvió a golpear en la 27 (5-2). Entonces se produjo una resurrección casi milagrosa: Korchnoi encadenó tres victorias y unas tablas, igualando 5-5 tras 31 partidas.

La partida 32 decidió el título. Karpov remontó anímicamente, ganó y retuvo la corona con un resultado de 6-5 y 21 empates. Mientras tanto, fuera del tablero el duelo se rodeó de incidentes extravagantes: rayos X a las sillas para comprobar que no llevaban aparatos escondidos, quejas sobre banderas, acusaciones de hipnosis contra un miembro del equipo soviético, las famosas gafas de espejo de Viktor para desactivar la supuesta hipnosis y hasta la protesta por los yogures de arándanos enviados a Karpov durante las partidas, interpretados como posible código secreto.

La tensión política era extrema: la familia de Korchnoi seguía retenida en la URSS y su hijo Igor fue condenado a dos años y medio de cárcel por evasión del servicio militar. Todo ese contexto convertía cada movimiento en un símbolo de la pugna Este-Oeste. Tras el match, la situación personal de Viktor siguió siendo difícil, pero no abandonó la lucha por la corona.

En el ciclo siguiente (1980-81) volvió a superar a Petrosian en Velden, derrotó de nuevo a Polugaevsky en Buenos Aires y se benefició de la retirada de Robert Hübner en la final de candidatos en Meran. De esta forma se ganó un segundo match por el título, también en Meran, frente a Karpov. Esta vez la diferencia fue mayor: la prensa bautizó el encuentro como la “Matanza de Meran” al terminar con 6 victorias a 2 para el campeón, más 10 empates.

Mientras tanto, su vida personal daba otro giro. Su esposa y su hijo, junto a su madrastra, pudieron finalmente salir de la URSS en 1982, tras años de presiones. Poco después, Viktor se divorció y comenzó una nueva etapa con Petra Leeuwerik, una alemana que había sufrido prisión en la URSS y que había liderado su delegación durante los matches de candidatos de 1977. Con ella compartiría el resto de su vida en Suiza.

Rivalidad con Kasparov, últimos ciclos de candidatos y éxito veterano

Aunque nunca volvió a disputar un match por el título, Korchnoi siguió influyendo en el ciclo mundial. En los candidatos de 1983 derrotó con claridad a Lajos Portisch en Bad Kissingen, y debía enfrentarse al joven Garry Kasparov en cuartos, en un match programado inicialmente en Pasadena (California). Las autoridades soviéticas prohibieron a Kasparov viajar, lo que en principio otorgaba a Viktor la victoria por incomparecencia.

Sin embargo, gracias a la mediación del organizador británico Raymond Keene, se logró trasladar los matches a Londres, donde también se disputó el duelo Smyslov-Ribli. Korchnoi aceptó jugar, aunque en la práctica ya tenía ganado el match por defecto. Empezó bien, ganando la primera partida, pero la juventud y la preparación de Kasparov terminaron imponiéndose: el marcador final fue 7-4 a favor del aspirante de Bakú, que usaría esa experiencia como trampolín hacia el título mundial pocos años después.

En los siguientes ciclos (1985-87 y 1988-90) todavía alcanzó fases avanzadas, aunque con menos brillo. En el Torneo de Candidatos de Montpellier quedó en la parte baja de la tabla, y en el ciclo posterior fue eliminado en la primera ronda de matches por el islandés Jóhann Hjartarson, tras un desempate. En el ciclo 1991-93 aún derrotó a Gyula Sax en Wijk aan Zee, pero cayó frente a Jan Timman en Bruselas. Tras casi tres décadas como candidato al título mundial, se cerraba así su larga carrera en la lucha directa por la corona.

Lejos de retirarse, se volcó en una intensa actividad competitiva y editorial. Siguió jugando torneos en Europa y por todo el mundo, encabezando a menudo el equipo olímpico suizo. En 1979 había ganado el Festival de Biel, y en 2001 repitió triunfo en el mismo torneo, estableciendo una distancia récord de 22 años entre sus dos victorias en el mismo evento de élite.

En 2006, con 75 años, se proclamó campeón del mundo senior en Arvier (Italia) con 9/11, lo que le permitió convertirse en el jugador más veterano en aparecer en el top 100 de la lista FIDE (enero de 2007), ocupando el puesto 85. Por entonces, el siguiente jugador más mayor en la lista tenía 22 años menos. En 2009 batió otro registro al ganar el Campeonato de Suiza con 78 años, y en 2011 revalidó el título tras un desempate con Joseph Gallagher, poco después de cumplir 80.

Personalidad, anécdotas memorables y legado humano

El carácter de Korchnoi fue siempre intenso y, a menudo, volcánico. Tenía fama de perder los estribos tras algunas derrotas, llegando en ocasiones a barrer todas las piezas del tablero en un arrebato. Entre colegas se le conocía como un hombre de trato brusco, sin pelos en la lengua y muy crítico, tanto con sus propias partidas como con las de los demás.

Sin embargo, esa imagen de dureza escondía también gestos de deportividad y humanidad. En el Campeonato Abierto de Estados Unidos de 1983, disputado en Pasadena, fue emparejado con el gran maestro Larry Christiansen, que llegó tarde porque su coche se había quedado sin gasolina. En lugar de forzar el inicio del reloj y reclamar la victoria por tiempo si era necesario, Korchnoi esperó pacientemente hasta que su rival apareció, dejando claro que, por encima de todo, quería ganar en el tablero.

Su relación con otros grandes maestros fue compleja pero llena de respeto mutuo. Mantuvo una larga amistad con David Bronstein, que le ayudó en más de un match, y una rivalidad áspera pero profundamente ajedrecística con Petrosian, Spassky y, por supuesto, Karpov. Con Garry Kasparov la relación acabó siendo más cercana, hasta el punto de que Kasparov estuvo muy presente en celebraciones señaladas, como su 80 cumpleaños en Zúrich.

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Otro rasgo llamativo es que Viktor fue capaz de derrotar, en alguna partida, a nueve campeones mundiales indiscutidos: Botvinnik, Smyslov, Tal, Petrosian, Spassky, Fischer, Karpov, Kasparov y Carlsen. Además, llegó a puntuar (ganar o empatar) contra todos los campeones, oficiales o no, que hubo entre la posguerra y su fallecimiento, lo que le coloca en un club absolutamente exclusivo que comparte solo con unos pocos como Keres o Beliavsky.

En España y en el resto de Europa Occidental también fue muy apreciado como conferenciante y autor. A partir de 2001 publicó varios libros fundamentales: My Best Games (volúmenes con sus mejores partidas con blancas y con negras), el manual “Practical Rook Endings” y una versión ampliada de su autobiografía “Chess is My Life”. Junto a otros autores firmó “The KGB Plays Chess”, donde se detalla la intrincada relación entre ajedrez y servicios secretos soviéticos, tema que conocía de primera mano.

Celebraciones de sus aniversarios y tributos modernos

Sus aniversarios redondos fueron motivo constante de homenajes. En su 80 cumpleaños, celebrado en Zúrich, se organizó una semana de actos conmemorativos. La gala más importante tuvo lugar en el histórico hotel Savoy Baur en Ville, donde se reunieron leyendas como Garry Kasparov y su madre Klara, Mark Taimanov y su esposa Nadya, Artur Yusupov, Genna Sosonko, Robert Hübner y diversos invitados ilustres. El ambiente era el de una reunión de viejos camaradas que se conocen de guerras ajedrecísticas de décadas.

Antes de la cena de gala, Viktor se sometió a un simulacro de esfuerzo digno de un veinteañero: una exhibición simultánea a reloj contra diez jóvenes talentos del equipo juvenil suizo. Se le ofreció que, si se cansaba, Kasparov hiciera algún movimiento en su lugar, pero Korchnoi rechazó la ayuda con su habitual orgullo: prefería terminar él solo, y así lo hizo. La escena resumía su carácter competitivo incluso a los 80 años.

La fiesta incluyó anécdotas curiosas, como la entrega de un cristal con una imagen tridimensional de Viktor, generada a partir de una fotografía 2D mediante un complejo proceso de vectorización y grabado con láser. El hijo de Petra, Alexander, se dedicó a enseñarlo a todos los asistentes con devoción casi ritual. Mucho más emotivo fue el reencuentro con su hijo Igor, ya integrado en la vida suiza como diseñador de software, después de aquellos años en los que los aficionados de todo el mundo pedían su liberación.

En el plano público, las instituciones ajedrecísticas también le rindieron honores. El entonces presidente de la FIDE, Kirsan Iliumzhínov, le dedicó varias felicitaciones oficiales, destacando su aportación al desarrollo y a la popularización del ajedrez, y subrayando el privilegio que suponía para millones de aficionados haber podido seguir sus partidas. Aunque Korchnoi no siempre fue amable con los dirigentes, incluso sus críticos reconocían que sin él la historia del campeonato mundial sería mucho más pobre.

En la era digital, plataformas como ChessBase o canales de YouTube dedicados al ajedrez suelen conmemorar cada aniversario con contenidos especiales. Se han producido cursos de vídeo como “Master Class, Vol. 15 – Korchnoi” y las series “My Life for Chess”, donde el propio Viktor comenta con franqueza brutal partidas clave contra Smyslov, Geller, Tal, Hübner, Karpov, Kasparov, Spassky o Short. También es habitual que maestros como Daniel King, Merijn van Delft o Jan Werle dediquen programas específicos a sus victorias más instructivas y a su manejo de aperturas como la Francesa.

Últimos años, salud delicada y fallecimiento

Incluso en una edad en la que la mayoría de los grandes maestros ya están retirados, Korchnoi seguía encontrando energías para competir. En 2011, con 80 años, dio uno de sus golpes más sonados al derrotar con negras a Fabiano Caruana en el fortísimo abierto de Gibraltar, rompiendo una racha negativa previa de 0-4 contra el joven italiano, entonces ya por encima de los 2700 Elo. Aquella partida recorrió el mundo como ejemplo de que el talento y la combatividad no caducan.

Sin embargo, la salud empezó a pasar factura. A finales de 2012 sufrió un ictus que hizo temer que no volviera a jugar. Estaba inscrito para el Abierto de Navidad de Zúrich de 2013, pero tuvo que renunciar por recomendación médica. Muchos pensaron que ése era el final de su carrera práctica, pero todavía se guardaba alguna sorpresa.

En 2014 regresó a los tableros para un mini-match de dos partidas clásicas contra Wolfgang Uhlmann, otro veterano de su generación. Ganó ambas partidas, y el dato curioso fue la suma de sus edades: 162 años entre los dos grandes maestros, algo probablemente inédito en matches de ritmo clásico. Un año más tarde repitieron duelo, esta vez a ritmo rápido, con empate 2-2. En noviembre de 2015 disputó su último match frente a un gran maestro, nada menos que Mark Taimanov, mayor que él por primera vez desde 1980; entre ambos sumaban 174 años, y Viktor ganó el duelo 2-1.

Finalmente, el 6 de junio de 2016, Viktor Korchnoi falleció a los 85 años en la ciudad suiza de Wohlen. La noticia provocó una cascada de obituarios en prensa general y especializada. Leonard Barden, veterano cronista británico, lo definió como “el mejor jugador que nunca fue campeón del mundo”, fórmula que muchos otros habían utilizado ya para Akiba Rubinstein o Paul Keres, pero que en su caso encajaba de forma casi dolorosa.

La FIDE y otras instituciones resaltaron su papel como figura carismática e irrepetible. No solo se recordaron sus logros deportivos, sino también su lucha personal contra el aparato soviético, su independencia de criterio y su aporte a la cultura ajedrecística mundial. Desde los manuales de finales hasta las biografías y documentales como “Closing Gambit” o la película “Dangerous Moves”, inspirada en parte en su duelo con Karpov, su sombra sigue muy presente.

Mirando hoy toda su trayectoria, desde el niño que aprende a jugar con su padre en una Leningrado devastada hasta el anciano que todavía se sienta frente al tablero para apretar a un rival sesenta años más joven, queda claro que Viktor “el Terrible” Korchnoi encarna como pocos la esencia del ajedrez de lucha: inconformismo, valentía, resistencia y una fe ciega en la capacidad humana de calcular, resistir y encontrar recursos incluso en las posiciones aparentemente perdidas. Cada aniversario de su nacimiento o de su muerte no es solo una fecha en el calendario; es una invitación a volver a sus partidas, a sus libros y a su biografía para entender de dónde venimos y por qué el ajedrez sigue fascinando tanto.

anatoly karpov jugando al ajedrez
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