- Más de 400 escolares de toda Asturias participaron en esta edición celebrada en el Palacio de los Deportes.
- El colegio Veneranda Manzano se alzó con la victoria, obteniendo el pase para la final internacional en León.
- El tablero gigante, fabricado con más de 800 neumáticos reciclados, fue la gran atracción de la jornada.
- El premio final para los ganadores absolutos consiste en un viaje exclusivo a Noruega para conocer a Magnus Carlsen.

Oviedo ha vibrado este fin de semana con el sonido de los relojes y el movimiento de los peones. La explanada del Palacio de los Deportes de Oviedo se llenó de vida para acoger la IV edición del torneo «Pequeños Gigantes», una cita que ya es marca de la casa en Asturias. Cientos de chavales de toda la región se dieron cita para demostrar que el ajedrez está más vivo que nunca entre los más jóvenes.
Lo que antes se hacía en la plaza de la Catedral ha crecido tanto que ha necesitado un espacio mayor, pasando de los 16 tableros de antaño a los 32 actuales. Pero aquí no solo se trata de ganar; el ambiente que se respiraba era de pura diversión y aprendizaje, dejando claro que la deportividad es la reina absoluta de este tablero gigante en el que los escolares se lo pasaron en grande.
Un despliegue de piezas gigantes y materiales reciclados
Uno de los elementos que más llamó la atención de los asistentes fue, sin duda, el tablero descomunal con piezas que alcanzan el metro y medio de altura. Lo más curioso de esta estructura es su origen, ya que está fabricada íntegramente con más de 800 neumáticos reutilizados, un detalle que pone de manifiesto el compromiso del evento con el medio ambiente y la sostenibilidad.
En el plano deportivo, la tensión y la emoción estuvieron presentes hasta el último movimiento. El colegio Veneranda Manzano logró coronarse como el gran triunfador de la jornada tras una final muy reñida contra el San José de Calasanz A. Este éxito les abre las puertas de par en par para la siguiente fase, que promete ser todavía más emocionante si cabe.
Rumbo a León y el sueño de Noruega
Los ocho mejores equipos que salieron de la jornada ovetense tienen ya una fecha marcada en rojo en el calendario: el próximo 21 de noviembre. Será entonces cuando viajen a León para disputar la gran final internacional del torneo, un escenario donde el nivel de competición subirá varios peldaños pero donde se mantendrá el mismo espíritu festivo que caracteriza a este proyecto.
Por si fuera poco, el incentivo para los que consigan llegar a lo más alto es de los que quitan el hipo. El premio gordo consiste en una experiencia inolvidable en tierras nórdicas para participar en un encuentro junto a Magnus Carlsen. No es la primera vez que la capital asturiana acaricia este honor, pues hace un par de años las alumnas de las Dominicas ya dejaron el pabellón bien alto al proclamarse vencedoras.
El ajedrez como herramienta educativa y terapéutica
Más allá de los trofeos, los responsables del torneo, como Nicolás González y Pablo López, insisten en que el objetivo real es integrar este juego en las aulas. No buscan fabricar genios de la noche a la mañana, sino utilizar las 64 casillas para enseñar matemáticas, lengua o historia de una forma que a los niños les entre por los ojos sin apenas darse cuenta.
Incluso se puso de relieve el valor terapéutico que tiene el tablero para muchos escolares. Algunos monitores comentaban cómo chavales con hiperactividad consiguen una concentración asombrosa cuando tienen que pensar su próxima jugada, demostrando que este deporte ayuda a templar los nervios y a mantener la calma incluso en las posiciones más complicadas de la partida.
Para terminar de redondear la jornada, la concejala Conchita Méndez destacó que este tipo de iniciativas son fundamentales para una ciudad que este año presume de ser Ciudad Europea del Deporte. Oviedo se consolida así como una auténtica escuela de formación donde los más pequeños no solo aprenden a mover la torre o el alfil, sino que también forjan amistades y aprenden que, aunque se pierda una partida, lo que realmente importa es todo el conocimiento que se llevan de vuelta a casa.
