- Faustino Oro, de 12 años, disputa el Abierto de Aeroflot en Moscú en busca de su tercera norma de Gran Maestro.
- El torneo reúne a 180 jugadores, 52 Grandes Maestros y varios nombres de la élite mundial, con ritmo de 60 minutos + 30 segundos.
- Para batir el récord de precocidad, Oro necesita una performance superior a 2600 y cumplir estrictos requisitos de la FIDE antes de marzo de 2026.
- El prodigio argentino ya suma dos normas de GM y más de 2500 Elo, y afronta en Rusia el examen más exigente de su joven carrera.

El nombre de Faustino Oro vuelve a situarse en el centro de la escena ajedrecística mundial. El joven talento argentino, de apenas 12 años, ha comenzado su participación en el Abierto de Aeroflot, uno de los torneos abiertos más exigentes del calendario internacional, con la mira puesta en una meta tan concreta como ambiciosa: firmar la tercera norma que le falta para convertirse en Gran Maestro.
La competición, que se disputa en el lujoso Hotel The Carlton de Moscú, supone mucho más que un torneo más en su agenda. Para Oro, que ya ha superado los 2500 puntos de Elo y acumula dos normas de GM, este Abierto de Aeroflot es una oportunidad decisiva para intentar batir el récord de precocidad y convertirse en el Gran Maestro más joven de la historia del ajedrez, superando la plusmarca del estadounidense Abhimanyu Mishra.
Un escenario de máxima exigencia en Moscú
El 21.º Open Internacional de Aeroflot se celebra del 27 de febrero al 5-6 de marzo en pleno corazón de Moscú, muy cerca de la Plaza Roja y el Kremlin. El torneo forma parte del Circuito FIDE 2026-2027, integrado en el ciclo del Campeonato del Mundo, y se ha convertido en una vidriera clave para el ajedrez ruso en una etapa de reapertura tras las restricciones y polémicas derivadas de la guerra en Ucrania.
En esta edición se han inscrito alrededor de 180 jugadores, con una nómina que habla por sí sola del nivel competitivo: 52 Grandes Maestros absolutos, 9 Grandes Maestras femeninas y más de medio centenar de Maestros Internacionales. Entre los participantes destacan nombres como Ian Nepomniachtchi (dos veces retador al título mundial), Andrey Esipenko, Daniil Dubov, Alexander Grischuk y el indio Raunak Sadhwani, uno de los GMs más jóvenes de la historia. En algunas crónicas también se menciona a figuras como Fabiano Caruana o estrellas emergentes de la India e Irán, lo que subraya aún más la dureza del certamen.
El sistema de juego es por suizo a nueve rondas, con un ritmo recientemente aprobado por la FIDE para torneos válidos para normas: 60 minutos por jugador con 30 segundos de incremento desde el primer movimiento. Este control, sensiblemente más corto que el de las clásicas partidas de 4 o 5 horas, busca reducir el desgaste físico y mental, aunque a la vez provoca encuentros mucho más intensos y tácticos, algo que favorece a jugadores con gran agilidad de cálculo como Oro.
Oro parte en Moscú con un Elo de 2516 puntos y se sitúa alrededor del 35.º-36.º puesto en la lista inicial, lo que le convierte en el Maestro Internacional mejor clasificado del torneo: todos los jugadores con mejor ranking que él son ya Grandes Maestros. Es decir, se mueve en un entorno en el que prácticamente cada mesa superior representa una prueba de fuego.
El certamen, organizado por la Federación Rusa de Ajedrez junto al Ministerio de Deportes y la aerolínea Aeroflot, reparte una bolsa de premios cercana a los 20 millones de rublos, en torno a 235.000 euros, y tiene también una enorme carga simbólica: para los responsables del ajedrez ruso, contar con la presencia de una figura mediática como Oro es una forma de reafirmar la capacidad de Moscú para organizar grandes eventos internacionales pese al contexto geopolítico.
Calendario, formato y dureza del Abierto de Aeroflot
El Abierto de Aeroflot no solo es duro por el nivel de los participantes, sino también por su estructura competitiva. El torneo está diseñado con nueve rondas, pero en tres jornadas se celebran dos partidas en el mismo día (una por la mañana y otra por la tarde), lo que dispara la exigencia de concentración y resistencia.
El cuadro de juego prevé un calendario similar a este: una primera ronda a las 17:00 del 28 de febrero, doble jornada el 1 de marzo (rondas a las 12:00 y 17:00), nuevas dobles sesiones en días posteriores y la conclusión en torno al 5 de marzo a mediodía. Ese ritmo comprimido implica para un niño de 12 años una carga de trabajo considerable: preparación de aperturas, repaso de variantes y recuperación entre partidas, todo ello en un entorno de máxima presión.
El control de tiempo de 60 minutos + 30 segundos fue aprobado por la FIDE como válido para obtener normas, lo que convierte a esta edición en un banco de pruebas de una nueva forma de entender las partidas clásicas. Por un lado, reduce la fatiga extrema de encuentros excesivamente prolongados; por otro, amplifica el peso de la gestión del reloj y de los finales jugados en apuros de tiempo.
En un torneo por sistema suizo el emparejamiento se realiza ronda a ronda en función del puntuaje acumulado. Eso significa que un arranque flojo —una derrota o dos tropiezos seguidos— suele traducirse en rivales con menor Elo, algo que para un jugador que busca una norma puede ser contraproducente: cuanto más desciende la media de Elo de los oponentes, más alta debe ser la puntuación final necesaria para alcanzar la performance requerida.
En cambio, si Oro se mantiene en las mesas altas desde el inicio, enfrentándose regularmente a rivales de 2550-2600 puntos o más, podría bastarle con sumar entre 4,5 y 6 puntos sobre 9 para lograr la ansiada marca, siempre según la media de fuerza de sus adversarios y las fórmulas oficiales de la FIDE.
Qué necesita Faustino Oro para lograr la norma de Gran Maestro
El objetivo de Oro en Moscú está claramente definido: obtener su tercera norma de Gran Maestro. La FIDE exige actualmente tres normas y un rating mínimo de 2500 Elo para homologar el título. Desde 2022, además, se introdujo una condición adicional: al menos una de las normas debe conseguirse en un torneo abierto, mientras que las otras dos pueden llegar en competiciones cerradas. Faustino ya ha cumplido esa parte con creces, pero le falta precisamente la norma que convierta a este Aeroflot en la cita clave.
Las normas no se basan solo en la puntuación, sino en un conjunto de requisitos formales. Entre otros, Oro debe:
- Jugar un mínimo de nueve rondas en el torneo.
- Enfrentarse como mínimo a tres Grandes Maestros absolutos.
- Competir contra rivales de al menos tres federaciones distintas, no solo del país anfitrión.
- Conseguir una performance Elo de alrededor de 2600 o superior, dependiendo de la media exacta de fuerza de sus contrincantes.
- Asegurarse de que, aproximadamente, la mitad de sus oponentes sean jugadores titulados (GM, MI, etc.).
Este diseño reglamentario hace que el camino hacia la norma sea una especie de puzzle estadístico y deportivo. No basta con ganar muchas partidas; también importa contra quién se logran esos resultados. Si sus adversarios tienen Elo muy bajo, necesitará más puntos; si la media es muy alta, la exigencia de puntuación se reduce ligeramente, pero la dificultad competitiva crece.
En este contexto, se estima que, si mantiene una media de rivales poderosa —algo factible dado que 35 jugadores lo superan en la preclasificación—, un resultado de entre 5,5 y 6 puntos sobre 9 podría darle la performance necesaria. Pero un par de tropiezos tempranos, que lo arrastren a mesas inferiores, obligarían a un sprint casi perfecto en las rondas finales.
Más allá de los números, Oro insiste en que intenta no obsesionarse. En distintas entrevistas ha subrayado que su idea es centrarse en jugar buen ajedrez contra rivales de alto nivel, confiando en que, si el rendimiento es sólido, la norma llegará “de forma natural”.
La cuenta atrás hacia el récord de Gran Maestro más joven
Nacido el 14 de octubre de 2013, Faustino Oro compite contra el reloj tanto como contra sus oponentes. El récord de Gran Maestro más joven lo ostenta actualmente Abhimanyu Mishra, que alcanzó el título con 12 años, 4 meses y 25 días. Para superarlo, el argentino debe completar la tercera norma y ver homologado el título antes de una fecha muy precisa, que, según las distintas fuentes, se sitúa en torno a los primeros días de marzo de 2026.
Algunos cálculos sitúan el margen hasta el 7 de marzo de 2026, otros lo ajustan al 10 u 11 de marzo, pero todos coinciden en lo esencial: el Abierto de Aeroflot es prácticamente su última gran oportunidad para batir la marca de Mishra en términos de edad. Si lo consiguiera en Moscú, con 12 años, 4 meses y apenas unos días, establecería una nueva plusmarca mundial por un estrecho margen.
Eso no implica que, si la norma no llega en Rusia, su carrera se vea truncada. Dentro del mundo profesional se da por descontado que tarde o temprano alcanzará el título de GM; la cuestión es si será capaz de unir ambas cosas, título y récord de precocidad, en este mismo torneo. De ahí que muchas miradas se hayan posado sobre su actuación en la capital rusa.
En el tablero, Oro ya ha demostrado que la presión no le paraliza. Su reciente participación en el Tata Steel Challengers, donde obtuvo 7 puntos sobre 13 y una performance cercana a los 2575 Elo frente a rivales muy fuertes, consolidó su imagen como uno de los talentos más consistentes de su generación. Moscú es, de alguna manera, la continuación lógica de ese proceso de fogueo en la élite.
Además, la etiqueta de “Messi del ajedrez”, que le acompaña desde hace tiempo, convive con otros apodos surgidos desde la propia élite: Garry Kaspárov le bautizó como “Chessi”, mientras que Magnus Carlsen, número uno mundial, ha llegado a afirmar que, en un futuro, será Leo Messi quien deba sentirse afortunado si lo comparan con Oro. Son elogios que alimentan el interés mediático, pero también elevan el listón de expectativas cada vez que se sienta frente al tablero.
El camino hasta Moscú: normas previas y ascenso fulgurante
El aterrizaje de Faustino en el Abierto de Aeroflot no es fruto de la casualidad, sino de una progresión sostenida en torneos cerrados y abiertos de alto nivel. Su primera norma de Gran Maestro la consiguió en el torneo “Leyendas & Prodigios”, disputado en Madrid. Allí se impuso con 7,5 puntos sobre 9 rondas, superando el umbral de los 2500 puntos de Elo y firmando una actuación que lo situó definitivamente en el radar de los especialistas.
Posteriormente, en el Campeonato Argentino jugado en Buenos Aires, no alcanzó la norma, pero firmó un resultado más que respetable, con 6,5 puntos en 11 partidas frente a oponentes experimentados. Esa experiencia le sirvió de preparación para su siguiente gran paso: el Magistral Szmetan-Giardelli, también en la capital argentina, donde un empate en la última ronda le permitió alcanzar una performance en torno a 2608 Elo y aseguró su segunda norma de GM, consolidando su rating en 2516.
Con el requisito de rating mínimo ya cumplido, el obstáculo que le queda es justamente el que afronta ahora en Moscú: una tercera norma en un torneo abierto con suficiente dureza. Por eso, cuando llegó la invitación de los organizadores rusos —que incluía la cobertura de la mayor parte de los gastos del viaje—, tanto Faustino como sus padres no dudaron demasiado. Era el escenario ideal para intentar la última norma, aunque también el más arriesgado desde el punto de vista deportivo.
La familia Oro —su madre Romina y su padre Alejandro— decidió dejar sus trabajos para apoyar la carrera del niño una vez vieron, en plena pandemia, que su talento no era algo pasajero. El propio padre reconoce que le cuesta comprender la facilidad con la que su hijo entiende las posiciones y encuentra jugadas precisas, y que esa capacidad les llevó a replantearse su vida profesional para darle la oportunidad de dedicarse de lleno al ajedrez.
En los últimos meses, además de los torneos presenciales, Faustino ha destacado en las plataformas online, especialmente en Chess.com, donde llegó a alcanzar un Elo de 3280 en partidas rápidas, codeándose en el top 5 del ranking con especialistas de la talla de Hikaru Nakamura o el propio Carlsen, y superando a figuras como Alireza Firouzja o Praggnanandhaa en esa modalidad.
Un inicio de torneo prometedor: primeras rondas en Moscú
El arranque de Oro en el Aeroflot Open ha mostrado ya luces y sombras normales en un torneo tan duro, pero, en conjunto, puede considerarse alentador. En su debut, disputado en el hotel Carlton a apenas unos cientos de metros del Kremlin, el argentino empezó con negras frente al joven maestro ruso Artem Polkovnikyan, de 15 años y alrededor de 2350 Elo. Tras una partida de unas tres horas largas y 45 movimientos, aprovechó un error del rival en el tramo final para decantar la balanza a su favor y sumar el primer punto.
La curiosidad es que, según contó su padre, Faustino llegó a Moscú arrastrando un resfriado, fruto del brusco cambio de temperatura respecto a Barcelona, ciudad en la que reside actualmente. Pese a no encontrarse al cien por cien físicamente, no se dejó intimidar por el entorno ni por la atención mediática y se mostró relajado durante el encuentro, incluso levantándose en varias ocasiones para observar otras partidas en la sala principal.
En la segunda ronda, ya con blancas, se enfrentó al Maestro Internacional ruso Erik Obgolts (en torno a 2350-2360 Elo). A nivel ajedrecístico, fue una partida muy instructiva: Oro obtuvo la pareja de alfiles y fue presionando poco a poco hasta alcanzar un final claramente ventajoso, con dos peones de más. Sin embargo, una imprecisión en el momento de simplificar a un final de damas y, más tarde, un descuido serio, permitieron a su rival construir una fortaleza defensiva imposible de romper. Tras 108 jugadas, la partida terminó en tablas.
Si en esa segunda ronda se le escapó medio punto, en la tercera partida ocurrió algo parecido pero a la inversa. Con negras frente a la Gran Maestra rusa Ekaterina Goltseva (alrededor de 2364 Elo), Oro quedó en posición delicada en la apertura. Su rival lanzó un ataque muy peligroso sacrificando material para abrir la posición de su rey. Durante varios movimientos, el argentino estuvo al borde del abismo, pero, en un momento crítico, Goltseva se enredó en la ejecución del ataque y pasó por alto un recurso defensivo clave. Faustino, fiel a su estilo combativo, encontró la secuencia precisa, neutralizó la ofensiva y acabó dando la vuelta al resultado, forzando la rendición rival en la jugada 37.
Con estas tres primeras partidas, el MI argentino suma 2,5 puntos sobre 3 en un comienzo que le permite mirar el resto del torneo con cierto optimismo. Sus dos victorias han llegado con negras, mientras que la única partida con blancas ha sido ese empate frente a Obgolts, una curiosa “media inglesa al revés” en términos futbolísticos. Sus resultados lo han colocado en las mesas altas, en torno al top 20 de la clasificación provisional.
El calendario inmediato no le da respiro. En la cuarta ronda, programada en horario matutino, se enfrenta al Gran Maestro indio Raunak Sadhwani, que ronda los 2640 Elo y fue uno de los GMs más jóvenes de la historia al obtener el título con 13 años, 9 meses y 28 días. En la sesión de tarde, Faustino jugará la quinta ronda ante un rival aún por determinar según los resultados de la mañana. En cualquier caso, el cruce con Sadhwani garantiza la primera de esas “tres partidas contra Grandes Maestros” que necesita reglamentariamente para la norma.
La mirada del mundo del ajedrez sobre “Fausti”
Más allá de los resultados estrictos, la figura de Oro ha generado un fenómeno mediático poco habitual incluso en el cerrado universo del ajedrez. Sus partidas son analizadas en canales de YouTube especializados de todo el mundo, y su presencia en torneos presenciales suele ir acompañada de un notable seguimiento en redes sociales y plataformas de retransmisión.
En las últimas Olimpiadas de Ajedrez, por ejemplo, fue elegido para realizar el movimiento inicial en el tablero del vigente campeón mundial, el indio Dommaraju Gukesh. Además, la selección argentina lo designó como capitán del equipo para que pudiera desplazarse libremente por la sala principal y observar las partidas, una concesión poco habitual para alguien de su edad.
En Moscú, la Federación Rusa de Ajedrez ha decidido utilizar su imagen como uno de los grandes reclamos del torneo. El Aeroflot Open se ha promocionado con su nombre en los comunicados oficiales y en la página web del evento, un gesto que demuestra hasta qué punto se le percibe como un imán para la atención internacional. No es solo su juventud lo que atrae, sino también el estilo de juego dinámico y creativo que despliega, especialmente en ritmos rápidos como el blitz y el bullet.
El propio Oro, sin embargo, intenta relativizar esa ola de atención. En entrevistas recientes ha comentado que prefiere no pensar demasiado en el récord ni en los titulares y centrarse en jugar bien, disfrutar y seguir aprendiendo. Frases como “si juego bien, la norma vendrá sola” o “no me obsesiono con el título, mi objetivo es sacar mi mejor ajedrez” se han repetido en diferentes medios, reflejando una madurez poco común para su edad.
Desde su entorno familiar también se intenta rebajar la presión. Su padre insiste en que Moscú es solo una etapa dentro de un proceso más largo, en el que lo fundamental es que el niño madure como persona y como ajedrecista, gane regularidad y siga disfrutando del juego. Según asegura, en casa el título importa más que el récord en sí; si la plusmarca llega, bien, y si no, lo prioritario es que Faustino siga progresando sin perder la pasión.
Todo esto ocurre mientras el joven argentino compagina competiciones presenciales con torneos online, clases, análisis y viajes. Su vida cotidiana está lejos de la de un escolar corriente, pero, por ahora, el equilibrio entre la exigencia deportiva y la normalidad familiar parece mantenerse gracias a una planificación cuidadosa y al apoyo cercano de sus padres.
Con tres rondas ya disputadas en el Abierto de Aeroflot, Faustino Oro ha demostrado que llega a Moscú en buena forma y con la cabeza centrada en el tablero. El reto de convertirse en el Gran Maestro más joven de la historia sigue abierto y condicionado a muchos factores —desde la dureza de los emparejamientos hasta pequeños detalles en posiciones críticas—, pero, sea cual sea el desenlace, su paso por el Carlton moscovita se perfila como uno de los capítulos más significativos de su incipiente carrera.


