- Un grupo de amigos crea un backgammon artesanal con pan como regalo de cumpleaños, usando técnicas de prisión.
- El backgammon vuelve a estar de moda gracias a su capacidad para fomentar la conexión social y el juego cara a cara.
- En Lisboa, un quiosco ofrece partidas de backgammon junto a café y ropa de la marca +351.
- Expertos recomiendan sets de backgammon para principiantes y avanzados, destacando marcas como Crisloid.

El backgammon, uno de los juegos de mesa más antiguos del mundo, está viviendo una segunda juventud. Ya no es solo cosa de abuelos o de torneos en Montecarlo: la gente lo busca para conectar de verdad, lejos de las pantallas. Y no solo se juega: también se fabrica de formas tan originales como un tablero hecho con pan de prisión, se promociona en clubes sociales neoyorquinos y se sirve junto a un café en un quiosco lisboeta.
Estas tres historias, aunque muy distintas, comparten un mismo hilo: el backgammon como excusa para la creatividad, la comunidad y el ocio analógico. A continuación, te contamos cómo un regalo de cumpleaños, una tendencia de consumo y un rincón urbano se unen en torno a las fichas y los dados.
Un regalo muy especial: backgammon de pan
Todo empezó con un encargo entre amigos. Kashchei (Eduard Palchys) y Little Moose (Ihar Losik) querían hacerle un regalo temático a Nekhta (Stsiopa Putsila) por su cumpleaños. La idea: un backgammon hecho de pan, como el que se improvisa en las celdas de prisión. Para ello, recurrieron a Pavel Vinahradau, conocido como Vinahrad, quien aceptó el reto a pesar de reconocer que no es manitas. El proceso fue todo un ejercicio de ingenio: se cortaron las cortezas de un pan de molde, se amasó hasta obtener una pasta, se tiñó una parte con tinta azul de bolígrafo para las fichas y se usó mina de lápiz de color para los dados. Tras añadir sal y dejar reposar la mezcla un día en bolsas de plástico, se moldearon las piezas. Algunas se agrietaron al secarse, pero las que sobrevivieron se pintaron con pasta de crema Teimurov (un producto para el sudor de pies) para darles un acabado profesional. El tablero lo dibujó Little Moose, y se pegó sobre cartón con una pasta casera hecha de pan masticado con azúcar. El resultado: un backgammon único, hecho con cariño y mucho humor, que llegó a su destinatario como un homenaje a la amistad y a la cultura carcelaria.
El backgammon vuelve a estar de moda
Mientras tanto, en Nueva York, el backgammon vive un auge imparable. Remington Wells Davenport, fundadora del NYC Backgammon Club, explica que el juego ha resurgido porque la gente busca conexiones auténticas tras años de aislamiento social y exceso de pantallas. “Es el antídoto perfecto: social, atemporal, fácil de aprender pero muy desafiante”, afirma. Su club ha pasado de tener un puñado de jugadores a reunir a cientos cada semana. Además, el backgammon se ha convertido en un objeto de deseo: desde sets de viaje de piel hasta tableros acrílicos personalizables, pasando por los artesanales de Crisloid, fabricados en EE.UU. y considerados por los expertos como los mejores del mercado. La tendencia también se refleja en el mundo del mahjong, otro juego de mesa que está arrasando en TikTok y entre celebridades, pero el backgammon mantiene su propio tirón gracias a su mezcla de estrategia, suerte y tradición milenaria.
Un quiosco lisboeta apuesta por el backgammon
En Lisboa, la diseñadora Ana Penha e Costa, fundadora de la marca +351, ha dado un paso más. Ha alquilado un quiosco clásico frente al Parque Estrela y lo ha pintado de azul y blanco. Allí, además de servir café, cerveza y pasteles de la panadería Isco, vende camisetas, gorras y sudaderas con estampados inspirados en el backgammon. Y, por supuesto, hay un tablero disponible para que los clientes echen una partida, a veces con la propia diseñadora. El quiosco abre de miércoles a domingo de 13:00 a 20:00, y Ana planea organizar sesiones de DJ y happy hours para atraer a más gente. “Es una forma estupenda de interactuar con quienes no conocen mi marca y, al mismo tiempo, darles un sabor de la vida lisboeta”, comenta. Una muestra más de que el backgammon no solo se juega en casa o en clubes, sino que se integra en el paisaje urbano como un punto de encuentro.
Así, entre un tablero de pan, un club neoyorquino y un quiosco portugués, el backgammon demuestra que sigue siendo un juego capaz de unir a las personas, ya sea para celebrar un cumpleaños, para hacer nuevos amigos o simplemente para pasar una tarde diferente. La próxima vez que veas un tablero, quizá te animes a sentarte y echar una partida. O, quién sabe, a fabricar tus propias fichas con lo que tengas a mano.

